Caso de acoso en Alcobendas

Una madre denuncia un nuevo caso de acoso escolar en el Colegio Suizo de Alcobendas

  • La madre ha retirado a su hija del colegio después de años de insultos e intimidaciones.
  • El centro no defendió a la niña cuando la madre se quejó ante los directores.
  • Es el mismo cole en el que se dio el caso de otro niño recientemente.
  • Esta agresión creó alarma social sobre el acoso escolar y una reacción de las instituciones.
  • La madre de una adolescente ha denunciado un nuevo caso de acoso escolar en el Colegio Suizo de Madrid, situado en Alcobendas, que viene a sumarse al del pequeño de 11 años de edad que fue objeto de agresiones grabadas en vídeo en el mismo centro.

    La madre de la menor explicó que tuvo que retirar a la niña del colegio tras permanecer cinco años en él debido a los continuos “insultos” e “intimidaciones” de algunas de sus compañeras.

    “Han sido muchas mañanas de lloros, de dificultad porque no quería ir al colegio por miedo, por angustias, no dormía bien tampoco,… son momentos muy difíciles de vivir”, explicó.

    “Primero empezó por el aislamiento, insultos entre comillas, intimidaciones bastantes, intimidaciones por ‘messenger’ y palabras bastante fuertes de odio”, relató la madre

    Asimismo, en varias ocasiones pudo ver los mensajes electrónicos que le enviaban sus compañeras de clase, todos ellos para darle “órdenes” y decirle lo que tenía que hacer y no podía hacer. “Mi hija los seguía bastante porque tenía miedo”, apuntó.

    “Primero le dije que tenía que arreglarlo con ellas, pero no hubo manera, lo intentó, hizo lo necesario, pero después tuvo que hablar con su tutor… pero las cosas continuaban”. “Empezó a quejarse más, a no poder dormir, a estar inquieta, también tenía problemas de nutrición (..) y decidí llamar a la dirección para ver qué pasaba, pero ella no quería porque tenía miedo”, explicó

    El colegio no reacciona

    “Cuando fui al colegio, (la niña) ya estaba en el psicólogo porque no quería comer, estaba muy inquieta,… y decidí coger un psicólogo, que la ayudó, e informé al colegio de que estaba con medicación y con ayuda psicológica”, manifestó

    Sin embargo, la reacción de los directivos del Colegio Suizo no fue la esperada.

    En una primera reunión, “en vez de escuchar lo que tenía que decir mi hija, el director de Secundaria le atacó y tuve que pararle diciéndole que tenía que hablar con otro tono”, para que la niña pudiera explicar que “se sentía muy aislada, muy molesta” y sentía “mucho miedo y no sabía qué hacer”.

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    El caso Jokin

    Los padres de Jokin recibieron ayer la visita de varias compañeras de clase del Instituto de Hondarribia. Charlaron un rato con ellas y quedaron estupefactos al escuchar por boca de estas alumnas que uno de los estudiantes que ha sido expulsado por su supuesta participación en las agresiones había acudido esa misma mañana a las inmediaciones del centro y, desde el exterior, amenazó a la adolescente que el día en el que se celebró el funeral por el fallecido interpretó un baile ante el túmulo.

    Los padres de Jokin, según afirman sus más allegados, tratan de superar el drama vivido. «Están profundamente afectados por lo que ha sucedido con su hijo. Tienen la esperanza de que las investigaciones que ya se han iniciado permitan esclarecer las circunstancias que rodearon la muerte de Jokin y se depuren las responsabilidades. Pero al mismo tiempo, los padres confían en que lo que a ellos les ha pasado no vuelva a repetirse y se pongan los medios necesarios para ello», afirman.

    La familia del joven de Hondarribia dice que una docente participó en una de las burlas.

    Diez días después de la muerte del joven estudiante de Hondarribia, su familia sigue descubriendo nuevos episodios de las vejaciones que Jokin sufría en el colegio. Dentro de la investigación que la Ertzaintza ha puesto en marcha para esclarecer todos los extremos que condujeron al joven al suicidio, se encuentra la situación vivida el martes día 14 en el aula. Según fuentes de la familia del menor de 14 años consultadas por Efe, ese día los compañeros de colegio hicieron pintadas y sembraron de rollos de papel higiénico los pupitres recordando el aniversario de la descomposición de vientre que sufrió Jokin un año antes. Los familiares lamentaron además que una de las profesoras diera «una vuelta de tuerca» a las vejaciones y obligara a Jokin a «recoger todos los rollos de papel que habían lanzado sus compañeros».

    Este lamentable episodio fue calificado de «gravísimo» por la familia del joven que aseguró haberse enterado de lo sucedido por el relato de algunos alumnos del Instituto Talaia. «Lo único que le faltaba» es que un profesor «reaccione de esa manera», aseguraron fuentes familiares, quienes consideraron que el instituto tiene una «importante» responsabilidad en el suicidio, ya que muchas humillaciones «se produjeron en el ámbito escolar».

    Las repetidas agresiones que padeció el joven quedaron patentes en el informe de la autopsia realizada al cuerpo, donde los forenses encontraron cinco zonas de su cuerpo con signos de golpes, ocasionados ocho o diez días antes de su muerte. Con estos datos, la familia mantiene su intención de denunciar lo ocurrido, aunque no lo hará de forma inmediata porque antes prefiere esperar hasta recabar «el máximo de pruebas e indicios».

    Mensaje en internet

    El trágico suceso ocurrió en la madrugada del pasado día 21, cuando Jokin salió de su casa y se dirigió a las murallas de Hondarribia, donde se tiró. Unas horas antes, según recogía ayer El País, el joven dejó escrito en su chat de internet: «Libre, oh, libre. Mis ojos seguirán aunque paren mis pies». Al día siguiente, cuando fue encontrado el cuerpo, su mensaje recibió la respuesta de un compañero: «kuant ms tiemp psa peor m sient es cmo un gusno ke cme mi interior x no abert defndid. (Cuanto más tiempo pasa peor me siento. Es como un gusano que come mi interior por no haberte defendido)».

    Este sentimiento se reflejó también en uno de los mensajes que siete compañeros plasmaron en el lugar del suceso: «Si alguien hubiera tenido el valor suficiente como para confesar todo lo que sabía quizás no hubiera sucedido nada de esto. Sabemos que tú tampoco querías marchar, pero no había otra solución; lo sabemos, te has marchado. No volveremos a contemplar tu mirada, tu sonrisa», publicó El País.
    Los ocho alumnos del Instituto de Hondarribia que han sido expulsados tras el suicidio de Jokin C.L. tenían previsto regresar al centro el lunes próximo, una vez expirara la sanción impuesta. Sin embargo, no podrán hacerlo ese día ya que han sido citados para prestar declaración en la comisaría de la Ertzaintza de Irún. Seis de los menores estarán asistidos por un letrado, quien se ocupará de la defensa durante el proceso abierto. En el transcurso de la declaración, los chavales estarán acompañados por sus progenitores.

    En los días siguientes está previsto que acudan a las dependencias policiales los padres del joven fallecido, además de profesores del Instituto donde se llevaron a cabo buena parte de las agresiones.

    El inminente regreso de los menores expulsados al centro ha generado cierta inquietud entre el resto de los alumnos así como entre sus padres. Tres de los chicos que han sido expedientados han decidido ya que no continuarán cursando sus estudios en el Instituto.

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    Casos reales contados en primera persona

    *Una chica sufrió acoso escolar y lo cuenta así:

    Leyendo las noticias que aparecen en la prensa estos días sobre el acoso escolar he llegado a una conclusión: Yo fui víctima del acoso escolar. Había una lista con las situaciones que se consideraban acoso y os aseguro que las cumplía todas.

    Para empezar os diré que soy miope y era buena estudiante con lo que lo primero era una “cuatro ojos” y con lo segundo una “empollona” (entre otros nombres derivados de mi apellido que prefiero no citar aquí para mantener mi identidad secreta).
    En la escuela había un grupo de “gamberros” con un líder gallito y otro que era de verdad el que mandaba pero que no daba tanto la nota, vamos, un líder en la sombra. Le hacían la vida imposible a todo bicho viviente, pero en especial a mi y a otra chica a la que le ponían hasta chinchetas en la silla y la tiraban al suelo (conmigo nunca llegaron a tanto, se conformaban con insultarme, esconderme las cosas o tirarlas por la ventana).

    La dirección del colegio no hacía nada, a pesar de que los maestros también sufrían lo suyo con ellos. Decían que mejor estaban allí que en la calle convirtiéndose en unos delincuentes.
    De ellos diré que ninguno llegó a eso. La mayoría están casados, tienen hijos y una vida normal. A destacar dos casos: el gallito se hizo militar y el líder en la sombra murió trágicamente atropellado (dicen que se suicidó por una chica). Leyendo lo que dicen ahora de que el 60% serán delincuentes me da un poco de risa, de verdad. En este caso fue el 0%.
    Luego llegó el instituto y continuó la historia. Los “abusones” eran otros porque los de la escuela sobra decir que no llegaron al instituto (con 16 años y habiendo repetido todo lo que podían se fueron del colegio). Cuando vives en un pueblo, es lo que pasa, si eres empollona y cuatro ojos, tu fama te precede y aunque no te conozcan da igual.

    Por suerte duró poco ya que como tampoco eran buenos estudiantes, el segundo año ya no fui más a clase con ellos y al poco tiempo dejaron el instituto.Durante todo ese tiempo, no diré que lo pasara bien, pero tenía mis amigas (que eran pocas pero buenas) salía por ahí y fuera del entorno escolar lo pasaba bien. No creo que tenga ningún trauma por eso.
    Qué deciros de mi vida después, me eché novio, salí fuera a estudiar, saqué mi carrera, tengo un@s amig@s estupend@s, me fui a trabajar a otra ciudad, me casé… totalmente normal.

    *Esta historia es contada por una persona anónima:
    Todo comenzó cuando termine 8vo grado, mi padre enfermo y las cosas en casa se complicaron, añadido a eso mis padres me cambiaron de colegio y allí fue cuando viví la experiencia más desagradable de mi vida.

    Cuando comencé clases en el colegio nuevo tenia 13 años, yo era una de las menores de la clase, estudiaba con jóvenes que me llevaban 5 y hasta 6 años, el colegio era bastante malo, los profesores eran un poco mediocres y los estudiantes ni se diga; mi salón estaba lleno de repitientes (no tengo nada contra los repitientes) los únicos que cursábamos el año por primera vez, éramos Andrés, Conchita, Rebeca, Jazmín, Samuel Y Yo, el ambiente era hostil los repitientes nos trataban muy mal, sus bromas eran absurdas y en algunos casos enfermizas, no podían pasar ni un solo día sin hacer bromas pesadas.
    Un día se incorporo un alumno nuevo (otro repitiente) que era muy amigo de dos vecinos míos que cursaban clases en el mismo salón que yo, allí comenzó la peor etapa de mi adolescencia, entre él repitiente nuevo que para este caso llamare G y mis vecinos a los que les daré los nombres de V y D , se encargaron de hacerme la vida imposible;

    G me dio el sobrenombre de Corky y eso hizo que por un año mis compañeros dejaran a un lado mi nombre de pila para usar el que G me había otorgado, pase un año recibiendo humillaciones por parte de todos los malditos de ese salón, los profesores no hacían nada la directiva del colegio ignoraba mi sufrimiento y la psicóloga pensaba que mi repudio al colegio era por pura rebeldía.
    En casa nadie me tomaba en cuenta mi madre no se cansaba de repetirme que yo no me iba a casar con el colegio, que era algo temporal y que debía dejar de ser tan malcriada, ante la reacción de mi madre decidí guardarme lo del sobrenombre para mi sola.
    Ese año paso con lentitud, comencé a fumar, mi vida era bastante triste y mi mente (como la de cualquier adolescente) se creía lo que esos desalmados le repetían a diario, comencé a escaparme del colegio y a beber a escondidas de mis padres, aun recuerdo que todos los jueves me escapaba con los amigos de mi colegio anterior , recuerdo que hacia hasta lo imposible por permanecer lejos del colegio.
    Al año siguiente volví al mismo colegio y el primer día de clases jure que si me volvían a decir así los iba a matar a todos, de hecho llegue a contactar a un joven que conseguía armas de la policía pero gracias a Dios no tuve que comprar el arma, ese año mi salón se lleno con nuevos estudiantes, jóvenes que realmente querían estudiar y que no se humillaban entre si , ese año mis deseos de asesinar a los que me habían humillado el año anterior se esfumo pero me quedo el trauma, trauma que pensé que podría superar, pero no fue así y un año mas tarde a solo meses de terminar el colegio con otra situación bastante fuerte encima, un día en el que mis compañeros volvieron a humillarme con mi antiguo sobrenombre fue cuando decidí abandonar el colegio y dejarlo todo atrás.

    Hoy en día tengo 23 años, se que no tengo retraso mental, y que no soy ni remotamente parecida a Corky mi vida es un poco diferente a lo que desde niña había planeado, gracias, a la ardua tarea de mis compañeros he recibido tratamientos para la depresión, no he logrado recuperar mi confianza y aun me dan crisis de ansiedad, me he vuelto una persona muy seria que le pone mala cara a los abusadores é intenta ayudar a quienes se lo permiten, a pesar de mis problemas de inseguridad y de todo lo demás e logrado salir adelante y hoy estoy aquí porque quiero dejar bien claro a quienes son victimas del acoso escolar que no importa la situación ó el sobrenombre deben de informarle a sus padres o representante legal , deben informarlo en el colegio y no tienen que parar hasta que quienes los acosan dejen de hacerlo, Mi gran error fue no hablar y miren lo que me paso.

    *El bullying me hizo suspender 2 de la Eso (anónimo) :

    En segundo de la ESO nos cambiaron de instituto a otro con más niños de otros pueblos. Estábamos en el salón de actos cuando sin ningún sentido los niños que se encontraban a mi espalda empezaron a tocarme el pelo, la espalda… Yo sabía que eso sería uno de varios abusos y tonterías que empezarían contra mí. Y así fue, siempre que me encontraban me molestaban y me dejaban atemorizado.

    No llegaban nunca a pegarme, ni siquiera me hicieron daño, nunca. Pero todo lo que hacían, por poco que fuese hacía que tuviera un terror psicológico que me hizo estar deprimido durante meses. Me sentía triste y abandonado, solo tenía ganas de llegar a casa y encerrarme en mi habitación. Muchas noches lloraba y si intentaba coger un libro para estudiar era completamente incapaz, no podía.

    Y no solo fueron esos niños, alguna otra gentuza me molestaba y hacía que para mí las clases fueran un infierno. No me pegaban, pero solo hacía falta que me amenazaran sin ningún sentido para que empezara el terror psicológico, me saltaba algunas veces un cuarto de hora de clase porque solo entrar venía el típico macarra, me arrinconaba contra la pared y me molestaba y me humillaba. Yo me iba al baño y lloraba hasta que se me pasaba y volvía a clase.

    Mis padres me veían triste y lo vieron muy claro cuando en una boda, estaba con mis primos y por un momento, desde hacía dos meses estaba contento y jugando con mis primos, al poco me alejé, me senté en una sala dónde no había nadie, era la sala de un restaurante pero vacía y una decoración increíblemente bonita.

    Me quedé sentado en una silla, triste, de vez en cuando lloraba y así estuve algo más de 2 horas. Cuando mi madre me encontró se preocupo y fue a hablar con los profesores. Pese a que siguieron vigilándome recuerdo como algún que otro profesor seguía tratándome mal o no le prestaban toda la atención que merecía ese caso.

    Y así fue cómo aprobé segundo de la ESO, pero mi tutor recomendó a mi madre que repitiera para ir mejor. La decisión más absurda que había tomado alguien pero la acepté para ver si cambiando de compañeros dejaba de sufrir bullying.

    Cuan equivocado estaba… Al año siguiente llegué a tener tanto pánico que cuando veía Malcon por la tele y los niños de mi clase imitaban un juego que si mirabas te pegaban, llegué a odiar a muerte esa serie. Odiaba los lunes y lloraba por no ir al instituto.

    Cuando llegábamos a clase hacían un pasillo y a veces te tiraban en medio y todo el mundo empezaba a empujarte, darte patadas… Rezaba cada día para que no me tiraran a mí en medio. Empecé a desarrollar estrategias contra el bullying y pese a mi gran timidez fui consiguiéndolo. Imitaba a niños que cuando les molestaban reaccionaban de un modo que hacían que nadie más les molestara… Y después de una larga lucha de más de 1 año y medio conseguí que me dejaran en paz.

    Cuando llegué a primero de bachillerato era alguien muy respetado y con el que nadie se metía. Incluso uno de los niños que a veces me había pegado en 2 de la ESO era mi mejor amigo en aquél entonces, y me respetaba cómo el que más.Será porque me hice respetar o porque los niños crecieron. La verdad es qué no lo sé.

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    Casos de Acoso en La Rioja

    Diario la Rioja 22/10/2006
    REGIÓN
    Los casos de acoso escolar de menores de 14 años superan en La Rioja a los causados por mayores
    La Fiscalía de Menores tramita denuncias por conductas humillantes de niños de 8 y 9 años que dan patadas, golpes y han llegado a bajar el pantalón a compañeros de clase
    El número de delitos y agresiones en menores de 14 años que llegan a los juzgados de Logroño ya supera a los protagonizados por alumnos que sobrepasan esta edad. La fiscal de Menores de la Rioja, Esther Alesanco, afirma que en estas etapas tempranas los alumnos también son objeto de acoso escolar y de conductas humillantes por parte de compañeros, algunas de las cuales le han llegado a sorprender personalmente por la corta edad de sus autores.
    A. AZCONA C. CUARTERO/LOGROÑO
    ALFARO
    «Hay niños de 8 y 9 años que han llegado a dar patadas, collejas, golpes e, incluso, bajar los pantalones a otros de su clase. Ellos lo pueden llegar a entender como un juego, pero la víctima puede llegar a sufrir mucho», señala convencida de la necesidad de intervenir en estas situaciones, si bien reconoce que la Justicia no puede hacer «absolutamente» nada en estos casos porque se trata de menores de edad. La fiscal admite que las denuncias se archivan y lo que se hace es dar testimonio a los servicios sociales para que tomen medidas de protección respecto del menor infractor e informar al centro de la situación.

    Donde sí se actúa y con un interés creciente por combatir este fenómeno es cuando se presentan denuncias por acoso escolar en estudiantes mayores de 14 años. En estos casos, Esther Alesanco ha tomado la decisión de recibir a los padres. «Me gusta hablar con la familia del niño acosado, porque generalmente da más detalles de los que trascienden en el expediente. El siguiente paso es tomar declaración en los juzgados a los menores implicados y, finalmente, ponerlos en manos de nuestro equipo técnico de psicológicos y asistentes sociales que es quien decide qué medida imponer».

    La mayor parte de las veces las instrucciones que se dictan son de carácter pedagógico y gracias a la intervención del colegio, la mediación familiar y muchas veces después de cambiar de centro, la Fiscalía deja de intervenir. Pero en situaciones extraordinarias, cuando las anteriores instancias no pueden frenar la situación y el caso reviste gravedad se celebra un juicio y se sigue el mismo punto de partida que en situaciones de violencia de género.

    En La Rioja ya se han dictado las primeras sentencias que obligan al agresor a mantenerse alejado de su víctima. «La medida que se aplica es la de libertad vigilada con orden de alejamiento y esto implica que el menor debe abandonar el colegio. Decidir quién no es fácil, porque trasladar al agresor supone trasladar el problema». Los padres de los escolares alfareños han mostrado su preocupación por los casos de acoso en las aulas, conocidos como ‘bullying’. Así al menos se desprende de la última encuesta realizada por la técnico municipal en prevención de drogodependencias, Ana María Bermejo, entre 400 progenitores de niños que cursan estudios entre quinto curso de Educación Primaria y cuarto de Secundaria.

    «La encuesta -explica la técnico- trataba, por una parte, de conocer el interés de los padres sobre diferentes temas educativos, de prevención de conductas adictivas y cuestiones de actualidad y, por otra, de averiguar las actividades que les parecían más interesantes con el fin de recibir información al respecto».

    Bermejo afirma que después de analizar las 400 encuestas realizadas, «los resultados han mostrado que los temas considerados como más relevantes son el acoso escolar, con el 63%; la comunicación y los conflictos con los hijos adolescentes, con el 58%, seguido de la forma de abordar con los hijos el problema del consumo de drogas, con el 53%».

    En cuanto a las actividades preferidas por los padres, destacan la atención personalizada en los centros, el envío de documentación al domicilio y las conferencias y talleres. «Debemos señalar -afirma- que el análisis de los datos de esta encuesta servirá de base para confeccionar el programa de la escuela de padres y madres del año próximo».

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    Tribunales

    Efe. Sevilla 03/11/2010. El mundo.es

    La Audiencia absuelve a tres escolares acusados de acosar a un compañero transexual

    • El fallo dice que su “victimización” no fue fruto exclusivo del acoso
    • Lo llamaron ‘maricón’ en clase y le enviaban e-mails amenazantes

    La Audiencia de Sevilla ha absuelto definitivamente a los tres alumnos acusados de acoso escolar o bullying a un compañero, ahora del sexo femenino, cuando decidió manifestar públicamente su tendencia sexual, pues no ha demostrado que su “victimización” fuese fruto exclusivo de tal acoso.

    La Sección Tercera de la Audiencia, en una sentencia a la que ha tenido acceso Efe, confirma en todos sus extremos la absolución dictada por el Juez de Menores de Sevilla, basada en un razonamiento “lógico, correcto y acertado”, que no es “contrario a las más elementales reglas de la lógica”.

    Dice la Audiencia que el juez comparó lo dicho por el denunciante en el juicio y en su primera declaración en fase de instrucción, cuando “particularizó hasta seis incidentes” de acoso, todos ellos atribuidos a “personas distintas de los tres menores acusados”.

    El joven, entonces de 16 años, denunció en 2005 a varios compañeros del instituto Caura de Coria del Río (Sevilla) por actos de acoso que tuvieron lugar en un cuarto de baño, a la hora del bocadillo, en la zona de recreo, las amenazas de ser agredido, un incidente en clase de gimnasia, los insultos de “maricón” y las amenazas recibidas por correo electrónico.

    La sentencia, que no admite recurso, absuelve a los tres alumnos procesados, que fueron defendidos por el abogado Germán Javier Amaya y que se enfrentaron a una petición inicial de seis meses de trabajos comunitarios por un presunto delito contra la integridad moral.

    El denunciante, ahora identificado con el nombre de mujer A.B.G., no ha aportado ninguna prueba en apoyo de su tesis de haber presentado “indicadores claros y palmarios de victimización y secuelas de índole psicológica, así como un intento de suicido, derivado de forma exclusiva y excluyente del supuesto acoso de que se dice víctima”, sostiene ahora la Audiencia.

    No ha demostrado -añade el fallo- que dichos problemas psicológicos no sean consecuencia de “otros componentes también determinantes de su estado emocional como la difusión pública del asunto, a él solo atribuible, y de su magnificación de los sentimientos”.

    En la apelación, la defensa del denunciante intentó que los jueces valorasen ciertos testimonios no tenidos en cuenta en la primera sentencia, pero la Audiencia responde que lo que pretende es “cuestionar, lisa y llanamente, la valoración” hecha por el Juez de Menores, y que se dé “total credibilidad a las manifestaciones del perjudicado frente a los menores y demás testigos que comparecieron en la vista”.

    La denuncia fue presentada por la madre del menor ante la Guardia Civil en enero de 2005, cuando afirmó que su hijo se había visto obligado a dejar las clases tras expresar públicamente su tendencia sexual al comienzo del curso.

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    Mal uso de redes sociales

    Arturo Noain. Madrid 17/11/2010. El mundo.es 

    Un hombre pagará 5.000 euros porque su hijo subió una foto ofensiva a Tuenti

    Un juez de Las Palmas ha condenado a pagar una indemnización de 5.000 euros al padre de un menor que subió una foto ofensiva de una niña de 15 años a la red social Tuenti. La sentencia considera responsable al progenitor por no vigilar a su hijo.

    El magistrado del Juzgado de Primera Instancia número 14 de Las Palmas, Cosme Antonio López Rodríguez, condena al padre por su culpa in vigilando, es decir, por la omisión del deber de vigilancia que a los padres correspondía. Considera que los progenitores tendrían que haber empleado una mayor diligencia en su “educación al correcto uso de las nuevas tecnologías”.

    En este sentido, el juez estima la demanda de los padres de la niña, representados por Alfonso Dávila Santana, que exigieron una indemnización al tutor del menor por su “responsabilidad extracontractual”.

    Los hechos ocurrieron en octubre de 2008, cuando el menor colgó una foto de una niña de 15 años en su perfil de la red social. Mostraba a la joven en ropa interior junto al texto: “Fefi la loca se te aparecerá esta noche para hacerte una felación. Para protegerte de su ataque envía esta foto a 10 de tus contactos, hazlo rápido o Fefi se te adelantará”.

    Los jóvenes no se conocían

    Según la sentencia a la que ha tenido acceso ELMUNDO.es, los dos menores viven en Las Palmas, sin embargo, no se conocían entre ellos. Lo cual ha sido tenido en cuenta por el juez ya que no existía una intencionalidad concreta de dañar a la víctima. Además, la defensa alegó que la fotografía se colgó en una red social de acceso restringido. Esto no evitó su difusión final, de hecho, la propia menor pudo conocer su existencia desde el perfil de un amigo.

    El juez considera probado que se ha dañado gravemente a la niña. Según el informe psicológico realizado, la menor presentaba un síndrome depresivo al ser víctima de bulling (acoso escolar). A pesar del cambio de colegio, no tardaron en reconocerla, agravando la situación y perdiendo todo el curso.

    La defensa sostuvo que los comentarios no pretendían ofender a la menor. No obstante, el joven animó a sus amigos a realizar comentarios vejatorios, se pueden leer frases como “la puta fefi esta me da ganas a potar”. Incluso una compañera intentó advertirle de que podía estar ofendiendo a alguien, a lo cual hizo caso omiso.

    Por otro lado, cuando la policía se puso en contacto con el menor, éste eliminó rápidamente la foto y pidió disculpas en la misma página. Ello no ha impedido que López Rodríguez dictara una indemnización de 5.000 euros por el trauma causado a la joven y ser objeto de burla.

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    Cualquiera puede ser víctima de acoso escolar

    Roxana de la Riva. 21/10/2010.La Prensa

    Un alegado caso de acoso escolar (bullying) detonó la semana pasada en el arresto de dos estudiantes de la escuela East River High School.

    Ante el problema, varios padres de familia se reunieron para encontrar una solución porque dicen que las autoridades escolares no han hecho nada para parar el acoso al grupo de jóvenes latinos.

    “Desde que abrieron la escuela están con que los hispanos no deben estar aquí”, señaló Wanda García, madre de dos estudiantes de East River High School. “Los muchachos americanos dicen que hay guerra entre blancos e hispanos”.

    Las víctimas de acoso escolar pueden ser socialmente marginados por alguna razón, incluido el peso, corporal, el origen étnico o ser más débiles que los acosadores.

    De acuerdo con los alumnos, los oficiales de East River y el informe del Sheriff, todo comenzó con la portación de banderas de países en la escuela, lo cual no se permite.

    El vice director de East River, Paul Bryant, dijo que no se les permite vestir con banderas para así evitar conflictos entre estudiantes y promover el espíritu escolar.

    El acoso escolar se ha convertido en un enorme problema en las escuelas. De hecho, estudiantes de la Universidad de la Florida central llaman a terminar con el acoso escolar durante una vigilia esta noche de 8 a 10 pm en el UCF Reflecting Pond frente a Millican Hall.

    El acoso escolar puede causar daños físicos y emocionales en los niños por largo tiempo, de acuerdo con las estadísticas del Departamento de Justicia Federal.

    El Centro Nacional para Estadísticas de Educación afirma que, durante el año escolar 2007-2008, un tercio de estudiantes de 12 a 18 años de edad reportaron haber sido intimidados en la escuela. En el informe se define el acoso principalmente como una forma de “diversión” que los jóvenes hacen para burlarse de otros o “ser objeto de rumores”.

    El distrito escolar del condado Orange prohibe la intimidación escolar, la discriminación y ahora incluye el acoso por mensajes de textos y cibernéticos, hecho que es nuevo debido al avance de la tecnología. La póliza del distrito se enfoca en prevenir que los estudiantes envíen fotos sexuales y mensajes ofensivos por vía de sus celulares o computadoras.

    El reglamento dice que las consecuencias para los estudiantes que son acosadores va desde intervención en el comportamiento, hasta la expulsión y el reporte a la policía.

    “Cualquier estudiante que cree que es víctima de intimidación o tiene conocimiento de incidentes que envuelven a estudiantes en prácticas de acoso, se les pide que escriban un reporte; el padre o guardián debe intervenir en favor de su hijo”, explicó Shari Bobinski, portavoz de las Escuelas Públicas del Condado Orange.

    Agregó que la investigación de un alegado acoso escolar incluyen entrevistas documentadas, separadas y confidenciales con la víctima, el presunto ofensor y testigos; el oficial designado de la escuela debe iniciar la investigación en 24 horas y no más de dos días después de haber recibido la queja, y debe darle una notificación inmediata a los padres de la víctima y del alegado ofensor.

    Si la queja resulta verdadera el ofensor debe ir a consejería o incluso terapia.

    Además, el acoso a estudiantes no sólo involucra a estudiantes. Recientemente el caso de Willie Jones, de 32 años de Sanford, hizo eco nacional cuando subió al autobús de su hija para amenazar a los niños y el chofer. Supuestamente su hija, que sufre parálisis cerebral, fue víctima de acoso y le habían aventado un condón en la cabeza.

    Si Jones cumple con seis meses de probatoria, paga $1,200 en gastos de corte y va a consejería para manejar su enojo, el fiscal puede retirar los cargos.

    El presidente de la Juventud por los Derechos Humanos de la Florida, Dustin McGahee, se pronunció sobre las estadísticas y grandes historias acerca de la intimidación en las escuelas.

    “Cualquiera puede ser víctima de la intimidación”, dijo McGahee, “y eso es lo que la gente tiene que entender”.

    El joven se presentó en el foro de las Naciones Unidas para hablar de la intimidación, y que educando a los jóvenes es la solución a la intimidación y la creación de respeto mutuo.

    “Hacer más leyes que ponen a los jóvenes en la cárcel no es la respuesta. Crear un entorno de tolerancia y comprensión es la respuesta”, dijo.

    Magda Rosario, la madre del muchacho que ahora enfrenta una suspensión de 10 días, radicó una queja de acoso en la escuela secundaria East River sin recibir una respuesta. Aún así, piensa que todo pudo pararse a tiempo si los directivos de la escuela hubieran intervenido a tiempo.

    Bryant, el vice director de la East River, hizo un llamado a los padres a que se involucraran en la escuela como voluntarios

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